domingo, 31 de agosto de 2014

Morondava. Baobabs

Después del maravilloso día de mi cumpleaños, os mentiríamos si os decimos que pasamos  una noche tranquila, pues fue una de esas noches inolvidables en la que se mezclaron unas conversaciones imborrables... con un poquito de ron local.

Casi, sin dormir, partimos a las cinco de la madrugada para Morondava. Tucho (fonéticamente es como suena, pero no tenemos ni idea de cómo se escribe), que era la persona que nos llevaba en su coche, y su mujer vinieron a recogernos a Sergio, Julián a y mí.

El coche era...como decirlo...amplio y limpio, no se le pueden atribuir más adjetivos...jajaja. Pero, para aquí, ya es un mundo.

El trayecto Antsirabé- Morondava, duró 9 horas. Paramos varias veces, para estirar las piernas y comprar un tentempié que suena como a cacapoison . Está buenísimo.







Este medio de transporte se llama goitibehera y sirve para llevar persona, mercancía o lo que sea


Antes de seguir, queremos comentaros que vamos a la zona de la etnia sakalava, que pueblan la zona occidental de la isla. Son un pueblo que se dedica a la ganadería y la pesca; de hecho, a los que viven en zonas costeras se les llama antalaotra (personas de mar).

En cuanto a religión, les ocurre como al resto de las etnias malgaches, practican el culto a sus antepasados o razanas a, los cuales, se les debe venerar y honrar porque van a influir en la vida diaria como, por ejemplo, en que los animales estén sanos o para mejorar la cosecha de arroz...

Las actividades, gestos o cosas que se hagan para agradar a los razana, se llaman fady. Algunos ejemplos: no se debe cantar mientras se come, no se puede pedir sira (sal) por su nombre, los hombres no deben vestir la lamba sobre los hombros si su mujer está embarazada, no se debe señalar cosas que tengan que ver con la religión (iglesias, tumbas) con el dedo extendido sino que se hace con el dedo índice doblado por la primera falange.

Como comprenderéis, habiendo tanto culto a los razana; las tumbas, adquieren una gran importancia pues es donde se pueden encontrar con ellos para pedirles consejo, favores...

Estas tumbas son muy famosas pues eran adornadas con bellas tallas de bois de rose con motivos eróticos, como figuras de personas realizando uhhhmmm...guarreridas que, para ellos son fady de la vida   . Hoy en día, hay algunas, pero no se sabe el paradero ya que fueron expoliadas por gente sin escrúpulos para negociar con ellas.

En cuanto a la edificación de las casas, igual que ocurre con la etnia merina,  la orientación es según los puntos cardinales y, el lado oeste de la casa, es para albergar a los difuntos. Cada parte del edificio hace referencia a los miembros de la familia; el techo es el hombre, los travesaños donde se apoya el techo corresponden a la zona de la mujer y, las vigas, son los hijos. En éstas últimas, se graban símbolos; cada unos de los cuales, representan a los miembros de la familia.

Los rasgos físicos de la etnia sakalava, son más africanos y el malgache que hablan tiene muchas palabras del bantú.

Después de este pequeño preámbulo, seguimos con el viaje.

A pocos kilómetros de llegar a Morondava, empezamos a ver baobabs, cosa que nos sorprendió, pensando que solo íbamos a poder verlos en la famosa avenida de los baobab.




Cuando llegamos a la ciudad, se respiraba un ambiente distinto al resto de la isla que nosotros conocemos, seguíamos percibiendo la situación de pobreza, pero la gente nos transmitía buena energía a pesar de todo.  

Estábamos muertos de hambre y fuimos a un restaurante local, la comida era casera: ro  ( es arroz condimentado con hojas de plantas aromáticas y con ora clase de hierbas) con ravitoto (carne de umbi especiada, muy especiada y frita). Los restaurantes para turistas dejan mucho que desear, tanto por su precio como por su calidad, con esto no quiero decir que el servicio en los restaurantes malgaches sea bueno , pero nosotros los preferimos.




La tarde la pasamos en la playa de Nosy Kely , donde pudimos observar los pocos turistas que había y eso nos gustó, estuvimos muy tranquilos disfrutando de su arena blanca, aunque pudimos ver que algunas partes está muy machacada por la erosión.








La primera noche nos hospedamos  en un hotel, que nos salió por menos de 3 euros por persona, el hotel se caía a pedazos.




Compañero de habitación

Al día siguiente, desayunamos en un restaurante que, su dueña, era amiga de la madre de Tucho. Nos pedimos el plato malgache por excelencia;  como en la comida, ro con ravitoto, pero especiado de diferente forma y acompañado con un zumo de papaya exquisito y rano ranu (agua) embotellada, por supuesto. Vaya, que nos pusimos las botas.

Nos fuimos a la zona sur de la playa, donde vimos a los pescadores llegar a la orilla con sus embarcaciones y descargar lo que habían pescado, mientras niños y mujeres echaban la mercancía en recipientes y se lo cargaban  a la cabeza al estilo anakala para venderla.








































Unos de estos pescadores se nos acercaron  ofreciéndonos una cría de cocodrilo jajajaja por unos 6000 ariarys . No nos lo creíamos. Por supuesto, les dijimos que no nos interesaba en un perfecto malgache : Tsy misaotra (aluciandos , no? jajajaja). El resto de la mañana lo pasamos tomando el solecito, bañándonos en las maravillosas aguas del Canal de Mozambique en el Oceáno Índico.



Mientras Julián y Sergio tomaban el sol, me fui a dar un paseo por la playa y estuve disfrutando de un partido de fútbol. Impresionante como juegan. Luego estuve hablando un rato con ellos, me encanta la sonoridad del malgache y les repartí los cacapoison que llevaba. Cuando, más tarde, nos fuimos al coche, nos seguían y hacían gestos, bailaban para nosotros.



Antes de irnos a comer, estuvimos en un chiringuito. Nos sentíamos en el paraíso: belleza, tranquilidad, una temperatura ideal,  musicalidad  en el sonido de las olas...qué más podíamos pedir en ese instante?.



La comida fue en el mismo restaurante donde desayunamos, esta vez probamos el pescado de la zona, recomendado por Tucho. Fue una buena elección.

Después nos fuimos a La Avenida de los Baobabs,  hay alrededor de 300 a ambos lados del camino que une Morondava y Belon´i Tsiribihina. Cuando llegamos a ellos, se nos encojió el corazón, la tierra era surrealista,  las emociones eran intensas, teníamos una sensación de paz inmensa... de encontrarnos en otro mundo. El paisaje que estábamos viendo, a parte de fotogénico, es de una belleza tal que se considera una de las maravillas existentes en la Tierra.



Existen 7 clases de Baobabs. Seis de ellos son endémicos de Madagascar. Una de las especies, que no sabemos cuál es, también se puede ver en Australia y en el continente africano. Allí eran de la especie Adansonia Grandidieri, los locales les llaman Renala.  

Estuvimos andando por la avenida de tierra rojiza que nos recordaba a esas tierras vírgenes que tantas veces habíamos visto en los documentales sobre el vecino continente africano. Saboreamos la magia del lugar. 







Pudimos ver el Baobabs sagrado, que según la leyenda, hubo una mujer que no podía ser madre y fue a dormir bajo la protección de él y, a los nueve meses, trajo un bebé al mundo. Desde entonces, multitud de personas van a pedir deseos. Dicen que se le conceden. De hecho, su fama es tan grande, que varios Presidentes de Madagascar, antes de empezar su mandato han estado a los pies de su tronco.










Por supuesto, estuvimos admirando la grandiosidad del Baobas Amoureux, cuyos troncos se abrazan románticamente. El Dinosaurio, por su grandiosidad, el Rasta por la forma de las ramas....






El sol iba reposando en el horizonte y el destello de su luz sobre los baobabs, hacía que el atardecer tuviera unos tonos ocre-rojizos que nos invitó a hacer multitud de fotos para que el hechizo de ese momento, quedara para siempre en nosotros.








Según caía la noche, el crepúsculo parecía un paisaje de sueño infantil. Nos sentamos los tres sobre el suelo y pudimos disfrutar de los cambios de tonalidades, de los recreos de luces y sombras, no hablábamos pues esa tierra profunda y sangrante nos llevaba a un silencio casi melancólico. En fin, como decía Jesulín im-presionante.






Aunque habíamos visto muchas fotos del lugar; pero la verdad, es que supera cualquier idea que nos hubiéramos hecho.

Se nos había olvidado deciros que, a sólo unos 100 metros de la avenida había tumbas sakalava expoliadas de los ornamentos que os hemos comentado al principio.



En los troncos de las esquinas es donde deberían ir las tallas con motivos eróticos. También falta la figura de una garza real mirando al cielo

Pedimos para cenar unas pizzas caseras buenísimas y pescado (buenísimo).

Esa noche nos cambiamos de hotel. Uhhmmm, a ver, era un poco mejor porque no tuvimos que dormir los tres en una cama; pero, no tenía mosquitera y nos frieron a picotazos los malditos mosquitos.

A la mañana siguiente, aunque pronto, en la ciudad ya había mucho traqueteo. Las calles son arenosas y las casas tienen una facha bastante decandente y deteriorada. Nos fuimos al mercado local después de desayunar lo mismo que lo del día anterior. En uno de los puestos estuvimos a punto de comprar una manta raya por menos de 3 euros, pero no lo hicimos; de lo cual, nos arrepentimos más tarde.  

Tucho nos  recomendó la playa de Betania. Superaba a la de Nosy Kely. Era una playa virgen, sin turistas , ni nada, solo un pequeño grupo de pescadores de una aldea cercana y la naturaleza.









  Me enamoré de esa playa, nos sentimos libres.
A la vuelta al coche, probamos los cocos; cuyo sabor era penetrante, fresco y un aroma malgache difícil de olvidar ya que nos lo cortaron delante de nosotros y pudimos beber su agua allí mismo.

Cuando nos estábamos yendo, ayudamos a un coche que se había quedado hundido  en las dunas.

A mediodía, comimos en un restaurante un poco más molón; pero, sólo eso. La verdad es que preferimos nuestros humildes restaurantes malgaches porque son auténticos, comida casera muy fresca y, además, baratos.

Esa tarde Sergio se fue con Tucho y su mujer a ver los baobabs y Julián y yo, nos quedamos en la playa disfrutando y guardando en nuestra memoria cada cosa que nos rodeaba. De hecho, pudimos disfrutar deuna fiesta en la playa. 

La noche iba cayendo y nos fuimos a un restaurante que estaba a pie de playa, Cuando llegaron Sergio, Tucho y su mujer decidimos cenar allí mismo y pudimos pasar una velada genial, en donde Tucho nos demostró la maravillosa persona que es.
Nos fuimos a dormir con la tranquilidad que todo ser humano desea.

Al día siguiemte,  camino de regreso a casa.

Cuando nos quedaban unas pocas horas para llegar , recibimos una llamada inesperada de nuestra querida Aurora, diciéndonos que no estaría cuando llegásemos porque se tenía que regresar a España porque su padre estaba muy enfermo. Ya nos hemos enterado que le han dado el alta.

Aurora, un beso enorme y todo nuestro cariño desde esta tierra que tú tanto quieres.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Se nos acaba de ocurrir, os imagináis en la quietud y grandiosidad de  L´Allée des baobabsl, escuchando la voz cristalina y limpia de Alfredo Krauss interpretando Una furtiva lágrima?





Como nos despedimos todos los días:

Contamos con vosotros para ir cambiando esta realidad...poco a poco y, desde la humildad, hacer que el mundo evolucione a mejor y poder conseguir lo imposible.